lunes, 27 de febrero de 2017

Entrevista a Fon


Alfonso Barreiro Carreño, más conocido entre sus colegas como Fon, decidió un buen día abandonar su carrera como ingeniero para aventurarse en el mundo artístico y acabar convirtiéndose en uno de los alumnos más aventajados de la escuela gallega de cómic O Garaxe Hermético. A finales del pasado año por fin pudimos presenciar la publicación de su primer trabajo profesional titulado “Curuxa: a voz de Azazel”, un relato de aventuras de corte infantil ambientado en un mundo fantástico, con el que aspira a conquistar a los lectores más pequeños de la casa. Como no podía ser de otra manera, nos desplazamos hasta las instalaciones de O Garaxe Hermético, donde nos recibieron con los brazos abiertos para poder entrevistar al autor, sobre el que recae la gran responsabilidad de abrir brecha como representante de la primera hornada de artistas salidos de la escuela. Y allí pudimos preguntarle por sus impresiones y su trabajo.

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Buenos días Fon, la verdad es que no sé muy bien por dónde empezar esta entrevista, se me ocurren demasiadas preguntas, pero creo que la más obvia es… ¿Cómo un ingeniero que ya ha superado la treintena decide pegar este salto hacia el mundo del cómic?

Bueno, la pregunta en este caso está acertada, porque yo siempre he leído mucho cómic y tenido mucha afición por el cómic. Y a pesar de estar trabajando como ingeniero siempre he mantenido mi afición de seguir haciendo mis pequeñas historietas, algo malas ellas, pero incluso llegué a tener un blog llamado Chou Cómics, en el que junto a unos amigos de Noia íbamos publicando nuestras tiras, chistes de monstruos, etc... O sea, que la afición siempre estuvo ahí. Qué pasa, que yo estudié una ingeniería un poco por desconocimiento de que me podía dedicar a ser dibujante.
A pesar de haber autores españoles yo no veía autores gallegos. Miguel Anxo Prado me gustaba, pero por aquel entonces no sabía que fuese de aquí. Recuerdo que me encantaba Azpiri, Carlos Jiménez, el cómic argentino, los Astérix, los Tintin, Spirou… pero para mí era algo que estaba muy lejos. Y entonces me metí como ingeniero y así estuve trabajando durante algo más de cinco años, durante un período en el que entraba y salía de esos trabajos, entré en una dinámica que consistía en trabajar un poco e ir al paro sucesivamente, pero cada vez el paro duraba más tiempo, no veía una seguridad o estabilidad. Hasta que un día, no recuerdo muy bien dónde, vi la noticia de la existencia de la escuela de cómic O Garaxe Hermético, así que investigué un poco, vine aquí, vi las instalaciones, vi que era algo real y serio y decidí apostar por esa pasión que me hervía por dentro y me pedía hacer historias. Y así pasó, se dieron las circunstancias en las que coincidió estar en el paro y la apertura de la escuela. Por supuesto si la escuela no fuera buena yo no estaría aquí, no seguiría, pero al ver que esto funcionaba… Incluso tuve algunas ofertas de empleo que tuve que rechazar durante ese tiempo. A pesar de todo no fue fácil, porque para acabar los estudios tuve que ir tirando de mis ahorros e incluso contar con ayuda de la familia. Pero me metí en esto por algo que había dentro de mí, llámalo pasión, llámalo enfermedad… Recuerdo a los profesores diciéndome, tú tienes auténtica necesidad de hacer historietas y contar historias. Y supongo que gracias a la escuela todo se empezó a convertir en una realidad.

Realmente eso es algo que admiro mucho, ese ejemplo de valentía y apuesta por la realización personal… Ahora visto en perspectiva, terminados los estudios y con tu primer trabajo publicado ¿cómo lo ves, mereció la pena?

Claro, mereció la pena, porque antes de terminar el segundo año ya me había dado de alta de autónomo como dibujante. Es decir, ya aparecieron las oportunidades de ir haciendo algún trabajo e ir metiéndome en el mundo. Entre ellos ilustré en “A viva voz” para Isabel Pichel. Estudié detenidamente la posibilidad de que fuese todo de forma oficial, haciéndome autónomo, e irme afianzándo un poco en el terreno. Por otra parte Kiko da Silva (director de O Garaxe Hermético) también nos había dado la oportunidad de trabajar a algunos alumnos cuando se hizo la revista juvenil del Xabarín Club. Algunos publicamos allí nuestras ilustraciones. También iba echándole una mano a Kiko en algunas cosas… Comencé como profesor de las actividades extraescolares para los chavales. Y finalmente saco un cómic, que fue premio de fin de carrera, con lo cual ya no solo saco un cómic, es decir, Kiko es editor y no publica un cómic porque sí, cobras como autor de tu trabajo. Ahora mismo estoy ya embarcado en un proyecto distinto que se llama Trogloditas, también infantil/juvenil y haciendo el guion de lo que será el segundo álbum de Curuxa. Así que las expectativas son buenas, trabajando con pasión veo que la cosa va tirando para delante, como en todo, si paras de trabajar no tendrás oportunidades.

Una profesión sacrificada, imagino…

Sí, cualquier trabajo te requiere muchas horas, la jornada laboral suele ser de ocho horas y a veces, dependiendo del trabajo, esas ocho horas pueden ser incluso más. Nosotros los dibujantes no vamos a una oficina, no hay un lugar de trabajo definido, ya no hay los estudios que había antes, quizás existan algunos autores que se junten, pero ya no están lugares como Bruguera… Entonces necesitas ser tú quien se levante y se ponga a trabajar, pero a veces es un poco complicado, porque sí que es cierto que no tienes un horario de trabajo definido y en ocasiones acabas haciendo muchas más horas, terminando de madrugada, o madrugando a diferentes horas… Pero lo importante es la constancia, imponerse ese mínimo de ocho horas diarias para que las paginas vayan saliendo. Yo en cuanto terminé este cómic ya me puse con el siguiente y de hecho ya está muy avanzado. Sí que es cierto que cuando decimos muchas horas, también hay que contar en ocasiones con fines de semana, noches… sí, es un trabajo de mucho sacrificio, pero al mismo tiempo muy gratificante, porque estás haciendo algo que te está aportando felicidad.

Me imagino que habría algunos autores de referencia que te conducirían hasta aquí.

Sí, en mi caso de pequeño leía mucho Mortadelo y Filemón, Pulgarcito de Jan me encantaba… pero digamos que este enamoramiento por querer hacer historieta desde pequeño me llegó con Dragon Ball (risas) y creo que fuimos muchos los que caímos con eso. Era un auténtico vicio pasarse el día con el lápiz en la mano haciendo dibujos de Son Goku. Y a partir de ahí empecé a hacer historietillas muy similares… así que sobre todo podemos señalar a Akira Toriyama. Creo que en Curuxa se nota muchísimo la influencia de Toriyama, con esa niña que emprende una aventura en un mundo mágico, con referencia a muchos de nuestros monstruos, en el que hay no solo personas, también gatos, fantasmas, mezcla de animales con personas. Creo que fue algo que salió sin querer hacerlo conscientemente. Después también leía mucho Cimoc, Creepy, 1984, empecé a descubrir más mundo después de Dragon Ball, conocí a Azpiri, todos los argentinos, El Eternauta, Miguel Anxo…

Vamos a habla un poco sobre tu primer trabajo “Curuxa: a voz de Azazel” ¿De qué trata?

Pues es la historia de una niña que es meiga (bruja). A los niños de su aldea y a ella les roban las voces porque hay unas brujas que están buscando una voz especial, una más mágica y más bonita, porque cuanto mejor es la voz de la bruja mejores son los conjuros que puede hacer. Por desgracia es una voz muy hermosa pero que pertenece a un demonio, algo que se menciona un poco a nivel de flashback y las brujas buscan desesperadamente esa voz. La bruja que la tenga será la más poderosa y no tendrá rival, sin un ánimo especial de ser malvadas, simplemente quieren esa voz para que nadie les pueda hacer sombra. Así Curuxa tiene que emprender la aventura de recuperar las voces, lo que pasa es que vive en un mundo mágico donde las brujas necesitan su voz para poder hacer su magia. Por lo tanto tendrá que ir encontrando el apoyo de sus compañeros. Y de ahí viene un poco la doble intención de esta historia, que a pesar de ser una aventura, no hay que olvidar que es para niños y niñas y hay que transmitirles un mensaje. En este caso Curuxa al tener esa impotencia de no poder hacer su magia, desea ser una persona igual que nosotros, ya que todos se meten con ella. Así irá conociendo una serie de amigos que la podrán ayudar para alcanzar sus objetivos. Ese mensaje de por qué nos apoyamos unos a otros es una cosa especialmente importante para mí, porque viendo mi propia experiencia, pienso que sin el apoyo del Garaxe Hermético o el de mi familia no habría llegado a hacer este cómic, mi pareja en algunas cosas me aguanta y en otras menos (risas) pero también ha sido súper importante, motivándome para lograrlo. Y entonces sentí que este cómic no era solo mío, sino que también se lo debía a todos ellos, fue un proceso de mejora continua gracias a todos ellos y ese es el mensaje que quería incluir aquí.

Resulta inevitable pensar en la mitología y folclore gallegos, ya que estamos hablando de brujas, hombres lobo… ¿Fue una elección muy consciente?

Pues sí, fue muy consciente porque también tengo mucha influencia por otra parte del mundo de la animación, especialmente del Estudio Ghibli de Miyazaki y Takahata. Y algo que hacen mucho allí y en la animación japonesa en general, es coger mucho de su cultura y folclore, cosas que a nosotros nos parecen novedosas y exóticas, pero allí son algo normal y cotidiano. Pensé que aquí en Galicia también teníamos muchas cosas que exportar y que podíamos sentirnos orgullosos de hacer referencia a lo nuestro. Y que por otro lado la gente de fuera vea que eso tan fantasioso en realidad es algo que existe y forma parte de nuestra cultura. Un poco por eso elegí hacer esas referencias a las brujas, la Santa Compaña, las aureanas del Miño… había muchas otras leyendas que quería meter pero se quedaron fuera, pero quedan ahí guardadas en la recámara para futuros trabajos. Pienso que es muy importante no olvidarse de quién eres, en este caso hablamos de Galicia y tenemos mucha cultura propia que podemos explotar, incluso el humor que tenemos es un humor muy goloso que también tiene su hueco. Y creo que es muy importante que un autor incluya cosas de él mismo y así reivindique toda esa cultura propia.

Me resulta también muy curioso que se te pregunte tanto por el hecho de que la protagonista sea una niña ¿Esa también fue una decisión meditada?

Variaciones en las páginas durante el proceso de creación.
Pues mira, aquí se nos suele pedir que hagamos un estudio de mercado, el tipo de cómic para qué editoriales es más adecuado, el público al que irá dirigido… Y coincidió que tengo una sobrina que es muy lectora, pero claro, todo lo que leía, salvo en literatura donde sí hay mucho personaje femenino, pues veía que no había mucho protagonista femenino, que la heroína fuera una niña… Y eso me hizo recapacitar. Quizás fuera buena idea hacer algo con lo que las niñas se pudieran identificar, aunque el realidad este cómic sea tanto para niños como para niñas, pero por eso decidí que la protagonista fuera ella, una niña, porque por más que lo pienso se me ocurren muy pocos ejemplos. Y los que hay son más bien roles secundarios. Si subimos un poco hacia el juvenil o adulto sí que empieza a haber más. Y en la situación actual donde se está reivindicando un poco más el papel de la mujer, me imagino que ha propiciado que se me pregunte más por eso, pero realmente no era mi intención, simplemente quería cubrir esa carencia de protagonistas niñas.

Como bien dices, es una obra destinada a un público infantil/juvenil, pero dejando un poco de lado esa visión más fría o desde el punto de vista profesional del estudio de mercado, imagino que en este caso también hay que mantener vivo a ese niño que llevamos dentro para saber dirigirse a este público en concreto, que por otra parte es muy exigente.

Sobre todo a nivel de lenguaje, a nivel de personajes es muy importante. En los primeros borradores que tenía de Curuxa me di cuenta de que era muy sosaina para los chavales de ahora, daba la impresión de que lo estaba escribiendo para niños de hace veinte años (risas). Me costó muchísimo, pero me ayudó el hecho de estar dando clases aquí a otros niños, porque podía observar un poco su manera de comportarse entre ellos, sus manías, su forma de hablar… A veces tenía miedo de hacer chistes que pudieran resultar de mal gusto u ofensivos, pero luego escuchándolos a ellos el que se escandalizaba era yo (risas). Así que tuve que llevarlo hacia otro lenguaje. Pero sí, ese niño que llevamos dentro yo siempre lo he seguido alimentando, sigo leyendo a Spirou, a Mortadelo, Astérix, los Pitufos, ya me he lanzado a comprar la nueva colección de Lucky Luke (risas) Y aunque me gusta el cómic adulto, posiblemente este otro sea el que más disfrute, por eso también estoy un poco ahí, porque es lo que me gusta.

Tras tu paso por la escuela conseguiste hacerte un hueco y ya es habitual verte ahora trabajado por aquí. Has dado el salto de alumno a profesor ¿A qué hay que tenerle más miedo, al papel en blanco o a los alumnos?

(Risas) pues yo creo que a los alumnos en blanco. Cuando tú te bloqueas conoces la manera de solucionarlo, pero cuando es un niño el que se bloquea es todo distinto. Tienes que conocerlos mucho, cuando empiezas con alumnos nuevos y ves que se bloquean tienes que irlo llevando de diferentes maneras y no siempre aciertas. A veces lo que le propones no consigue hacerle arrancar. Realmente le tengo más miedo al folio en blanco del alumno…curiosamente a mi folio en blanco no le tengo mucho miedo, quizás por inconsciencia o porque llevas guardando todas las ideas desde hace tanto tiempo que ahora las estás soltando todas de golpe y la cabeza ya no para. Así que cuando tengo el papel en blanco enseguida me pongo a abocetar y casi me tienen que echar el freno los demás. Como dirían en Rocky… la mirada del tigre, el aspirante que sale a comerse el mundo (risas). Bromas aparte, al final los niños son muy verdaderos, son muy agradecidos y da gusto trabajar con ellos.



Ya llevas algunas presentaciones de tu primer trabajo a las espaldas, pero me imagino que resultaría especialmente satisfactorio presentarlo en casa.

Sí, en Noia todo fue genial, no me esperaba que la gente respondiera tan bien. Solamente en la presentación se vendieron cincuenta y pico ejemplares. E incluso después la gente que no pudo asistir me lo fue pidiendo, o me llamaban y escribían mensajes preguntándome por él, porque por aquel entonces el libro aún no estaba en las librerías. Y la verdad es que quedé súper contento, lo que no me esperaba era tanta asistencia de gente, ya venía de alguna firma junto a los compañeros de O Garaxe, pero nunca con tanta gente junta, esa parte me agobió un poco (risas). Pero muy contento después, incluso cuando la gente te va parando y preguntando por curiosidades como… ¿por qué elegiste el nombre de Azazel? Me lo preguntaba alguien que, por otra parte dio un poco en el clavo, ya que en un relato de Asimov, Azazel es un demonio, pero no especialmente malo sino más bien picarón. Disfruto de esos pequeños detalles.

Háblanos un poco de tu proceso creativo. Por lo que sé tienes más gusto por las técnicas tradicionales.

Sí, lo mío con las técnicas tradicionales fue un flechazo, especialmente después de ver el proceso creativo de Kiko da Silva. Obviamente él se mueve a otro nivel, para llegar a eso hay que llevar muchos años en la profesión. A partir de ahí hice muchos intentos de trabajar a modo tradicional.
El proceso básicamente comienza haciendo un guion por escenas, definiendo todas sus acciones y una vez que tienes todas las escenas empiezas ya con un guion más cinematográfico, por decirlo así, viñetas con sus diálogos. A continuación hacemos un esquema de cómo entrarían esas viñetas dentro de las páginas. Yo no soy un dibujante muy suelto, necesito pulir mucho el dibujo, por lo que necesito repetir cincuenta veces las cosas hasta obtener lo que quiero y cuando ya estoy satisfecho con el resultado recurro a la mesa de calco para redibujar por encima de ese lápiz la versión definitiva. Luego lo paso en la mesa de luz al papel de acuarela y ya me meto con los acrílicos y las texturas. En este caso me ayudó mucho el alquil, que es una cola que me sirvió para frenar el trazo del pincel, ayudándome a hacer las texturas de los árboles o las piedras, era algo difícil de controlar, pero luego ya se va cogiendo la técnica adecuada. Y una vez terminado el acrílico ya salto a los personajes, con un rotulador apincelado de tinta se va perfilando. A partir de ahí se escanean las páginas y ya en el ordenador se hace el retoque digital, por ejemplo para las bolitas de las voces, las estrellas en el cielo, de hecho los cielos están hechos aparte, efectos de luz, los bocadillos y textos… era algo que me aportaba más agilidad al trabajar. Y finalmente toca maquetar, imprimir y rezar para que todo quedara bien y no haya ningún fallo. En ese punto conté con la inestimable ayuda de Kiko, porque a mi me faltaba cierta experiencia con eso.


Ahora que ya te has sacado a Curuxa de la cabeza y está en las estanterías de las librerías, cuéntanos en qué otros proyectos estás metido.

Pues el proyecto más inmediato es hacer otro cómic infantil/juvenil de Troglo e Dita, que son aventuras mudas con un hombre (Troglo) y una mujer (Dita) como protagonistas, con dinámica de chistes o gags cómicos, pero también habrá animales y dinosaurios, por ello también esperaba que transmita alún mensaje, con el tratamiento de las mascotas, los inventos. Incluso habrá hueco para algunos chistes de corte amoroso, con los torpes intentos de Troglo por conquistar a su compañera. Y ese digamos que será mi segundo proyecto, que curiosamente fue en realidad mi primer proyecto aquí en la escuela, algo a lo que ya le venía dando vueltas desde hace tiempo, de hecho había llegado a hacer veinte páginas en mi primer año, pero tomé la decisión de rehacerlas. Algunas ya se editaron en el Diario de Pontevedra, y el año pasado también se fueron publicando mensualmente en Sermos Galiza. Más o menos voy por la mitad del proyecto.
Después estoy metido de lleno en el guion del segundo tomo de Curuxa, me gustaría tenerlo para el 2018. Y otra pasión que tengo son las películas de vaqueros, que heredé de mi padre, así que tengo pensado el proyecto de un western, aunque aún no sé cómo hacerlo. Quizás lo enfoque una vez más para un público infantil o quizás me meta ya en juvenil. La idea es hacerlo en clave de humor. Ahí está Lucky Luke, que es un humor más elegante, más tranquilo; personalmente siempre me ha gustado un western más desenfadado, soy más de Trinidad que de John Wayne (risas). Por eso busco un western de humor, con cierto toque de fantasía también, con el tema de los indios, que tiene mucha fantasía que no se está aprovechando, o se afronta de una manera más seria. Esos son más o menos los proyectos en los que ando metido. Tengo una vaga idea de otras cosas de ciencia ficción, pero es pronto para decirlo.

No te lo pregunté antes, pero no sé si con Curuxa habría más peso sobre tus hombros por la salida de tu primer cómic o por parte de los profesores que veían salir el trabajo de su primer alumno.

Como diría Gandalf… ¿A dónde vas insensato?... (risas) Realmente yo era ese insensato que estaba obcecado con hacer su comic lo mejor posible, pero no era consciente de ello para nada. Sabía que estaba compitiendo con mis compañeros, pero tenía que haber alguno que fuera mejor y ese lo iban a publicar, yo solo pensaba en eso. E incluso cuando conseguí la publicación, me planteaba hacerlo lo mejor que pudiera. Estoy segurísimo de que la presión era muchísimo mayor por parte de los profesores, pues al fin y al cabo se tenía que demostrar que de aquí están saliendo autores de cómic. No es algo que me resbalara, ellos veían su escuela, tras tres años de ahí salía su primer cómic y no podía ser un desastre. Supongo que por eso también nos meten tanta caña, es algo que no ves como alumno. A mi Kiko me hacía repetir muchas cosas, él ya tiene un criterio muy profesional para que no salga cualquier cosa. No sé si sería igual para todos los profesores, pero sí para Kiko, que es el director de la escuela y se juega más. Es como un entrenador de fútbol, es la primera cabeza que rueda (risas). También hay que agradecer ese esfuerzo que hacían, que nos machacaban tanto para hacernos mejores, pero yo no tuve esa presión, estábamos tan arropados por profesionales que en todo momento nos iban aconsejando... De hecho una vez finalizada mi estancia en O Garaxe, en un acto de humildad les dije claramente que no quería quedarme de repente solo y cagarla y ahí se ofreció Kiko da Silva a tutorizarme en el proceso y mostrarme el camino, inicialmente había sido Fran Bueno durante el curso. Y así fue saliendo hacia delante. Me sentí muy arropado en todo momento.

¿En ese aspecto cómo ves la labor de la escuela como cantera de futuros autores? ya no me limito solo a nivel autonómico, sino quizás nacional o internacional ¿De hecho, cómo ves el panorama actual?

Pues a nivel gallego yo creo que estamos viviendo un buen momento, tenemos por ejemplo a Fran Bueno trabajando para el mercado americano, Miguel Porto que hace mucho libro ilustrado pero también hizo algún trabajo para el mercado norteamericano, Fernando Iglesias sacó “Impresiones de la isla” con Portela como guionista. Kiko que es un fuera de serie, Miguel Anxo Prado, Emma Ríos, David Rubín… gente hay de sobra y muy buena. Pero para abrirse paso en este mundo tienes que estar… no voy a decir a su altura, porque ellos ya están a otro nivel, pero hay que producir un producto decente y ellos se están esforzando para que los autores que salgan de aquí sean decentes e incluso más que decentes. Los dos chavales que ganaron el premio de fin de carrera del año pasado son brutales, Inés o Daniel Corrada son gente que va a dar mucho que hablar. Lo que pasa es que no todos obtendrán ese premio, pero eso no significa que no sean buenos. Por eso estoy seguro de que cada vez irán saliendo más autores que tendrán una oportunidad. Quizás en diez años podamos estar hablando de una generación Hermética si todo sigue un buen curso. Por eso pienso que la escuela está haciendo una labor muy importante y estoy seguro que de aquí a diez años, de todos los autores gallegos que se hable en el panorama, el ochenta por ciento habrán salido de aquí. Igual que hoy en día se habla de la Escuela Joso, con los años se hablará de los autores que vienen de O Garaxe Hermético.

Ya para terminar ¿algunas palabras para los autores noveles que estén pensando en dar sus primeros pasos en el mundo del cómic?

Mucha gente me pregunta ¿Vale la pena matricularse en O Garaxe Hermético? Esto es como todo, son las ideas de cada uno, no dejes que otros opinen por ti, si tienes la oportunidad y deseas hacerlo pues inténtalo, si tienes la necesidad de contar historias, pues adelante. E incluso si decides meterte, no te quedes solo con lo que te manden hacer los profesores, porque después en el mundo laboral no va a ser solo lo que tú quieras hacer o solo los encargos que te manden, siempre va a haber algo que tenga que surgir de ti. Si tú mismo te impones más metas esos años que tú estés aquí, verás que son mucho más productivos. Tienen que pensar en algo que les lleve más allá. No sé cómo es el cerebro que se toma algunas cosas como una obligación que te imponen tus maestros, incluso aun siendo algo que te gusta, pero no te apetece hacerlo. Pero si tú te planteas que realmente te apetece hacer eso, lo sacarás adelante encontrándole el punto atractivo que necesites. Y que tampoco se queden en los autores que les gustan, que busquen a su vez de dónde beben esos autores y amplíen sus referencias y sus horizontes. Ese sería mi consejo, si de algo vale (risas), no sé si soy el más adecuado para dar consejos.

Pues muchas gracias por tu tiempo Fon y te deseo una larga carrera en el mundo del cómic.

Igualmente agradecido, por este blog que resulta tan importante para dar a conocer a la gente el mundo del cómic.  A veces a nivel profesional se están haciendo cosas que distan mucho de la calidad de lo que hacéis gente como tú, desde blogs, o podcasts, muy entusiasmados y con un amor sincero por este mundo, divulgando para un público no necesariamente especializado la gran variedad que aquí existe.